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Para Sara Sorribes la fuente de inspiración es la playa. La playa de Valencia, de la ciudad que hace cien años vio nacer la empresa de vidrio que creó su abuelo. Ahora, Sara Sorribes ha hecho del vidrio soplado algo más que un oficio.
Por Equipo Citā Noviembre 27, 2020
Ver FichaEn 2015, la Comunidad de Valencia la reconoció con el premio Dona Artesana. Un antes y después para su trabajo. Ese reconocimiento y el apoyo de su pareja le dieron el impulso que necesitaba para reorientar el curso de su empresa. Eliminaron sus catálogos previos y empezaron a trabajar por proyectos. Ahora, Vidrio Sorribes cumple 100 años y está posicionado nacionalmente por su trabajo artesanal con el vidrio. Sara, tercera generación de los Sorribes, ha puesto el apellido en la vanguardia del vidrio soplado, con proyectos únicos e innovadores para empresas como Shackleton o Lladró.
Nacida en Valencia, Sara Sorribes recuerda una peculiar relación de amor y odio con el vidrio en sus años de juventud. Aunque se reconoce olvidadiza de su pasado, recuerda nítidamente sentarse en la silla del soplete de su padre. Quería ser como él: jefe. Pero, al mismo tiempo, entendió muy joven que era una profesión «esclava». A su padre apenas lo veía fuera del taller, igual que sus hijos también han tenido que aprender esta realidad en la vida de su madre. A los 20 años, Sara entró en la empresa, después de pasar por otros empleos; ahí recuperó a su padre y descubrió la felicidad que le mantenía horas trabajando el vidrio.
¿Por qué se queda en la empresa?
Solo había que ver a mi padre. Yo me enamoré de mi trabajo porque quería tener la cara de mi padre. Mi padre era feliz. Entraba a la empresa, trabajaba más horas que un tonto, pero era feliz.
Antes, yo trabajaba fuera. Llevaba la librería de un centro comercial. Trabajaba ocho horas al día, era jefesilla, el horario me lo ponía yo. Tenía unos horarios buenísimos. Pero daba igual, cada vez que entraba por la plaza, vomitaba de lo mal que me encontraba. De los nervios que me acarreaban ese trabajo. Yo aquí no vomito. A mí, ahora, me dan un día festivo y me molesta.
¿Qué experiencias te han marcado más en tu trabajo?
A nivel empresarial, la primera que me marcó fue restaurar los Baños del Almirante, aquí en Velencia. Nosotros trabajábamos en un pequeño taller y nunca salíamos de la fábrica. De repente se nos presenta aquí una empresa, Geovisa, que trabaja con restauraciones en toda España, y nos planea restaurarlos. Tuvimos que salir a la calle. Tenías que ir a la obra, medías, volvías. De repente, podíamos movernos. Además, era detrás de la catedral de Valencia. Pasabas por la catedral y decías: qué maravilla. Bajabas por las catacumbas y decías: qué maravilla. Qué curro más bonito. Eso fue lo primero que me abrió los ojos.
Lo segundo fue la crisis. A mí me pilló la crisis con la muerte de mi padre. Me quedé sola. O seguía con el formato de la empresa, o cambiaba. Y como el formato que tenía era un formato que yo sola no podía llevar, necesitaba muchos trabajadores, cambié el rollo. Me puse a trabajar cosas que yo podía controlar, porque tengo una vida, no tengo más.
Estrelladas también he tenido. Cree una marca de joyería de lujo. En plena crisis. Me estrellé totalmente. Dejé la empresa en standby hasta que hace dos años volví a crear otra: Vidriada. Esta sí funciona. He tenido experiencias muy buenas y de estrellarse. Pero de todo se aprende.
¿Qué singulariza tu trabajo?
El vidrio soplado. Me da igual hacer una lámpara, una joya o un vaso para Coca-Cola. Por ejemplo, ahora estamos haciendo anzuelos para pescar. El cliente entra por la puerta y no suele tener claro lo que quiere. Sí a dónde quiere llegar, pero no cómo llegar. Conocer las distintas técnicas de vidrio es muy difícil. Yo sí soy conocedora de ellas. Aquí somos centenarios. Este taller está equipado con maquinarias que hoy en día costaría una verdadera barbaridad. Tengo ese privilegio. Lo empezó mi abuelo, que aportó muchísimo. Mi padre también aportó muchísimo de otras técnicas. Ahora yo estoy aportando cosas nuevas. Cuando juntamos todo, mola. Igual soplamos vidrio que lo tallamos, que lo pintamos o hacemos un fusing.
Pero donde me siento más cómoda es con el vidrio soplado. Sopladores en España, hay, pero con las manos contadas. Estamos en un momento en el que el producto o es exclusivo y diferente, o te vas a China a comprarlo. Con el vidrio soplado ganas esa exclusividad. El resultado, por ejemplo, el vaso de la campaña para Uber: 500 unidades y no había dos vasos iguales. El vidrio soplado me transmite vida. El vidrio tiene vida. Tú con el vidrio no puedes hacer lo que te dé la gana. Cada pieza que haces con vidrio soplado tiene tu esencia, pero el vidrio manda. Yo digo que son colaboraciones. Cuando me siento le digo: vamos a trabajar, chicos. Yo le hablo al vidrio. Le voy hablando y él me va pidiendo. El fusing, el vidrio fundido plano, es bonito. Muy bonito. Pero en un año puedes controlarlo. Yo tengo 45 años y todavía no controlo el soplado.
En los últimos años habéis tenido la oportunidad de trabajar para empresas, marcas y diseñadores muy reconocidos. En este tiempo, ¿de qué trabajo te sientes más orgullosa?
Le tengo mucho cariño al último que hemos hecho, el aderezo para Consuelo Llobell, fallera mayor de Valencia. Le tengo cariño a la pieza porque la pieza me ha dado cariño. Esa pieza se presentó en el Ayuntamiento de Valencia, en el salón Cristal. La gente me veía en la calle y me reconocía como la chica del aderezo. Y Consuelo es un encanto de mujer. Lleva el aderezo puesto porque le gusta, porque es único. Es algo exclusivo que se le ha hecho a ella.
También fue impactante, en cuanto a diseño y organización, el vaso de Uber para la empresa Shackleton. Fue brutal. A la presentación no pude ir, pero mis redes sociales empezaron a sonar. En las redes sociales ganaba seguidores. Pensé que era un virus, pero fue el buen hacer de esa empresa. Desde el principio, la empresa de diseño y los diseñadores del vaso trabajaron conmigo codo con codo. ¿Cómo una empresa tan grande y un proyecto tan grande, se puede llevar tan bien y sincronizado? Trabajar con ellos fue un verdadero placer. Desde el momento que Shackleton me dijo que el vaso debía concienciar a no conducir si bebes y dejar que otros lo hagan por ti, lo tuve claro: el vaso tenía que impactar la hostia que te pega el coche. La artesanía, si hay que explicarla, estás perdido.
«Sí me tocara la lotería, crearía una escuela de proyectos de artesanía. Intentaría que la gente viera lo bonito que es el vidrio.»
Después de trabajar con tantas empresas y diseñadores, ¿te siguen quedando fuerzas para seguir colaborando con otros?
Yo soy una persona muy dada a colaborar. Creo que en las colaboraciones es donde realmente se aprende. Siempre intento tener alguna colaboración. No por dinero, sino porque me apetece y se aprende. Evidentemente, una buena colaboración al final da dinero. Si no, da satisfacción. Yo he hecho muchísimas colaboraciones. La última que estoy haciendo es con el ceramista Arturo Mora. Tiene que presentar unas vajillas y no quiere parar en la cerámica. Ha decidido que quiere meter también diferentes materiales. Él hace una bandeja y yo le hago los tres vasitos encima. O él hace la jarra y yo el platillo de debajo. Estoy aprendiendo muchísimo. A raíz de esto me he metido con temas de pinturas que he conseguido para pintar mi vidrio. Siempre me pregunto qué vamos a aprender.
Hemos tenido muchas otras. Con Paola Dominguín haciendo joyería. Con Lorenzo Quinn haciendo unos posavasos. Ahora estoy trabajando con una diseñadora que se llama Rosa Díez, para unos jarrones preciosos. Eso es lo que hace que sigas adelante y aprendas. Desde que colaboro con otras empresas, mi empresa va mucho mejor.
¿Con quién te gustaría que fuera tu próximo trabajo?
Lo tengo muy claro. Quiero meterme en el mundo de la moda. Soy una fanática de la moda. Me encanta. Si no tengo más ropa es porque lo que veo, para mí, es más de lo mismo. A mí me gustan las cosas diferentes. Yo voy contra natura. Soy muy fan de Estudio Savage, de Valencia. Trabajo con ellos porque los conozco del máster en el que imparto clases. Es un máster de artesanía de Barreira Arte+Diseño, y ellos son los directores. Hace unos años, les hice un jarrón que ellos diseñaron. Desde entonces, me atraen. Me hablan y me quedo embelesada. Todo lo que hacen lo hacen bien. Son paz. Me transmiten un buen rollo que me encanta.
Me gusta mucho Agatha Ruiz de la Prada. Creo que podríamos tener una colaboración brutal. Yo trabajé con Paola Dominguín y me encantó. ¿Por qué? Porque es diferente. He tenido colaboraciones con Inés Figaredo, que también hace bolsos y ropa, y también fue una buena colaboración. En joyería, me encantaría colaborar con Lalique: es el sumun del vidrio en joyería.
Y, después, ¿qué te gustaría que siguiese?
Tengo claro que no me gustaría dejar de trabajar el vidrio. Me gustaría meterme más en el mundo de la enseñanza. Por ejemplo, llevan unos años con un FP de cerámica y vidrio. Me encantaría formar parte de eso. No saben el subidón que es para mí impartir el máster de artesanía. Me enamoro de la gente. He tenido muchos alumnos y no he tenido dos iguales. También me gusta mucho el tema de los emprendedores. Participo en el taller de prototipo de la Universidad de Valencia. Cuando los estudiantes tienen que hacer el trabajo fin de grado y yo les realizo ese prototipo. Hay dos formas de hacerlo: entran por la puerta, les haces el prototipo y se van y no aprenden nada, o entran por la puerta y los caneo como los caneo yo. Luego me quieren mucho, pero también aprenden muchísimo.
Siempre lo he dicho, si me tocara la lotería yo daría puestos de trabajo. Dejaría que la gente viniera y me contara sus ideas e intentaría llevarlas a cabo. Crearía una escuela de proyectos. Intentaría que la gente viera lo bonito que es el vidrio. Crearía ilusiones, y en vidrio.Sara Sorribes
¿Cuál es el futuro de Vidrios Sorribes?
Yo en eso soy radical. Si mis hijos no van a entrar en la empresa, a una edad decente, en la que yo pueda asegurarme que el cambio generacional va a ser positivo, la empresa se desmantelará. Lo que no voy a hacer es tirar por tierra el apellido Sorribes con todo el esfuerzo y toda la vida que hemos invertido