Rafaela Pareja

El paisaje como materia maleable

Rafaela ve en la materia un punto de partida, el origen de una expresión personal. Sea en cerámica o porcelana, esta artista valenciana incorpora a sus trabajos la apertura de canales y texturas extremos a través de la experimentación con otros materiales orgánicos y plásticos.

Por Equipo Citā Noviembre 24, 2020

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Cuando se le pregunta por sus aficiones, Rafaela es contundente: «estoy obsesionada con el taller. Me gustaría bucear y mil cosas más, pero ya con el taller es suficiente. Me siento una privilegiada. Realizar una idea es una pasada. Tienes la idea. Fantaseas con ella. Pero cuando la ves delante, la tocas y la compartes, es una energía muy interesante». Se podría pensar que lo suyo fue vocacional, una visión artística que alimentó desde niña. Sin embargo, la realidad fue otra muy distinta.

Rafaela Pareja. Retrato y Taller.
Rafaela Pareja. Retrato y Taller.
Rafaela Pareja. Retrato y Taller.
Rafaela Pareja. Retrato y Taller.

Nació en Xátiva («ahí nació Raimon») y creció en el vecino pueblo de Enguera. Durante su infancia era difícil imaginarse que terminaría siendo artista. Si bien es cierto que cuando jugaba con sus primos ella se pedía los roles más creativos, la que hacía la pasta o los panes, la que se enfangaba con el barro y el agua, sus planes pasaban por estudiar Filosofía en Valencia. Pero, ella misma lo deja claro, «esto de decir voy a planificar mi vida, no me ha funcionado nunca». El dinero no le alcanzaba para matricularse y se decidió por lo que entonces era más económico: Artes y Oficios. Años más tardes, hace de su taller su hogar y de su trabajo su privilegio.

¿Cómo fue aquel paso por Artes y Oficios?

En el instituto no me imaginaba que terminaría dedicándome al mundo de la plástica. En mi familia no había pintores, ni escultores, ni nada de eso. Pero Artes y Oficios fue mi gran descubrimiento. Se me abrió todo un mundo: el del dibujo, el de la plástica, el de los materiales, el de la escultura y el de la gente que conocí en ese momento. Allí eran artistas, se juntaban de muchas disciplinas diferentes. Fue algo muy potente.

Desde entonces, ¿cuál ha sido tu principal influencia?

La vida es la mayor experiencia. También conocer a gente en el mundo del arte. Eso me motivó a darme cuenta de qué era lo que quería hacer, aunque no tuviera la economía suficiente y tuviera que hacer otros trabajos. 

Me marcó mucho un encargo que me hicieron de escultura. Yo utilizaba arcilla, claro, pero no la cocía. Con ella hacía modelos para reproducir en otros materiales. Pero un día me encargaron una escultura en cerámica. Ahí conocí realmente este material y me quedé alucinada al descubrir todo el proceso. Es una materia que primero es solo polvo con agua. Luego se hace maleable. Después se seca y, al final, al salir del horno, es algo duro y sólido. A partir de ahí empecé a contactar con ceramistas y monté mi taller.

Sensualidad vegetal. Escultura.
Sensualidad vegetal. Escultura.
Sensualidad vegetal. Escultura.
Sensualidad vegetal. Escultura.

Y, sin embargo, tu trabajo va más allá del manejo tradicional de la cerámica.

El impulso es investigar y buscar algo que he sentido o he visto en el paisaje. Ese impulso me lleva a abrir nuevos caminos, que no copio de otros artistas. Intento siempre encontrar el camino o la técnica para expresar aquello que yo quiero. Ahí he estado mezclando muchos elementos como el papel, las semillas, el plástico. Claro, veo que eso también lo está haciendo otra gente, pero cada uno lo hacemos con nuestras diferencias. Yo intento diferenciarme, pero quizá lo que hace más singular mi trabajo es esa búsqueda siempre de caminos nuevos. No me sirve la técnica que yo he aprendido para hacer correctamente la arcilla, sino que quiero hacer mi arcilla, que me dé el efecto o la forma que tengo en mi cabeza. Si necesito de máquinas o moldes, voy improvisando y lo hago. Eso me atrae mucho, lo veo como una aventura. 

«No me sirve la técnica que he aprendido para hacer correctamente la arcilla. Si necesito de máquinas o moldes, voy improvisando y lo hago. Eso me atrae mucho, lo veo como una aventura

¿Hasta dónde llevas la exploración con los materiales?

Por ejemplo, la técnica de incrustación de porcelana sobre refractario, hay otros que lo hacen, pero como lo hago yo, es mi manera. Me gusta mucho la arcilla refractaria. A la porcelana me gusta añadirle papel, bolitas de mijo, serrín, paja. Materia orgánica que le da también unos canales y unas texturas que me gustan mucho. Son formas en las que no se ve mucho la mano. Es algo que me he encontrado y que me transmite una emoción. Me gustan esas texturas porque veo la naturaleza ahí.

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Anatomías. Mural
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Anatomías. Detalle.
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Anatomías. Detalle.
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Fulla. Escultura
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Fulla. Escultura
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Alafia. Escultura
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Esponjas

De lo que has hecho, ¿con qué estás más satisfecha?

Ahora estoy creando una serie para una exposición donde las formas son como la mirada interior de microcosmos: las células, los virus, las bacterias. Ahí tengo hecha la mitad de la instalación. Son cosas muy pequeñas, incluso algunos espermatozoides, que son y no son, porque están inspirados en esas formas, pero al final yo siempre lo llevo a otro terreno más simplificado y abstracto.

También disfruto mucho todas estas formas del fondo marino, como las anémonas. Ahí utilizo la porcelana y el papel. Son muy pequeñas, pero también tienen toda la fuerza.

¿Cómo ha sido tu experiencia con las colaboraciones?

Para mí es muy interesante. Por ejemplo, en Córdoba, participé en una exposición que se llamaba El secreto de las plantas. Me pareció muy interesante esa colaboración porque todos teníamos ese tema y cada uno lo abordaba desde su lenguaje. Y ahí entra el trabajo de los comisarios. Es muy interesante que otra persona organice la exposición, que hable de ti. Al final hace que tenga mucha más repercusión. Me encantaría tener estas experiencias constantemente.

¿Con quién te gustaría colaborar?

Me encantaría colaborar con Claudi Casanovas, que es uno de mis referentes. Es un artista que trabaja la cerámica, con el que me encantaría estar un año trabajando. Pero también me gustaría trabajar con muchos otros. Aquí, en Valencia, por ejemplo, hay muchos buenos artesanos. Yo siempre estoy abierta.

Y, ¿respecto a marcas?

Por tirar por lo alto, me gustaría trabajar por Loewe. Ellos sí que apuestan por un arte y una artesanía más arriesgada. 

Mirando hacia el futuro, ¿qué te queda por hacer?

Me gustaría mucho trabajar con obra pública. Que la gente pueda estar en una plaza con una escultura mía, por ese intercambio de energía que tú has sentido y que al final quieres compartir con la gente.

Tengo una espinita clavada, porque a mí me gusta mucho la escultura de gran formato, y me gustaría hacer una escultura de casi dos metros, haciéndome un horno, con fibra y adaptándolo a esa forma. La experiencia que he tenido no ha sido muy buena aún, pero algún día lo conseguiré.

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